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VIDA DESPUES DE LA VIDA
La ciencia hermética posee las claves para responder ciertas interrogantes que han inquietado al hombre desde que se dio cuenta de la existencia de la muerte. ¿Qué le sucede al hombre al morir? ¿Desaparece o continúa existiendo en otra vida? ¿Cómo será esa vida? ¿Qué significado tiene el más allá? ¿Existe la reencarnación o sólo se vive una vida? ¿Por qué o para qué tendríamos que reencarnar? ¿Existe un Cielo donde irían los buenos, y un Infierno donde irían los malos? ¿Existe la vida eterna, y de existir, cómo se logra? ¿Existe un juicio para el alma al final de la vida? Entre los modernos filósofos del siglo XX aparecieron tres tipos de pensadores: los materialistas, que niegan toda realidad espiritual fuera del sujeto, los idealistas, que creen, por el contrario, que la verdadera realidad es de naturaleza espiritual, y los idealistas subjetivos, para quienes la realidad espiritual es de naturaleza individualizada y evolutiva, es decir, que está en vías de progreso, pero ellos, a pesar de eso, eluden profundizar en temas referentes a la muerte y a una vida en el más allá. La ciencia de los antiguos egipcios habla de la existencia de Dios en los siete principios herméticos del Kybalión. El principio mental considera a Dios como una Gran Inteligencia, viva, infinita y eterna, capaz de crearse a sí misma y constituida por energía de muy alta vibración, que en un momento de su vida expelió de sí misma millones de diminutos fragmentos de su misma esencia vibratoria. A cada uno de estos fragmentos de Inteligencia Divina los llamaremos un espíritu, los que quedaron viviendo en un lugar del Universo que podría llamarse el Paraíso o plano de la energía. Cuando estos espíritus formaban parte de la totalidad de Dios no eran conscientes de sí mismos, no podían decir Yo soy puesto que no estaban separados uno del otro, pero una vez lograda la separación adquirieron identidad, podían denominarse como Yo soy y sentir su existencia como seres autónomos. Como cada espíritu independiente proviene directamente de Dios está constituido por energía inteligente de alta vibración, lo que les permitió comprender una ley hermética de aplicación en todo el Universo: Todo cuanto existe en el mundo, desde los sistemas solares hasta el hombre, desde el hombre hasta el átomo, todo asciende o desciende, evoluciona o degenera, se desarrolla o decae, todo lo que queda estático muere. En el universo aquello que involucra transformación y cambio es vida. Basta que algo permanezca estático y la naturaleza inmediatamente comenzará a destruirlo. De esta manera este espíritu al que nos referimos queda enfrentado a dos posibilidades: o evoluciona, creciendo en cantidad de esencia inteligente, o muere, perdiendo su individualidad y reintegrándose nuevamente al gran Padre-Madre del cual provino. Es en esta etapa cuando aparecen otros seres muy evolucionados que lo ayudan a encarnar en un cuerpo físico, en esta tierra, o en otra. La única posibilidad de evolucionar es tomando un vehículo físico y viviendo la vida material en un planeta, porque el crecimiento de la esencia espiritual solamente se realiza enfrentando los problemas inherentes a la existencia terrena: las dificultades, el sufrimiento, el dolor físico, los vicios, tentaciones, etc. Tenemos, pues, que cada uno de nosotros es un espíritu que en un instante de su vida, hace muchísimo tiempo, tomó un cuerpo físico para evolucionar. En cada encarnación en su propio vehículo físico el espíritu crece un tanto en esencia, continuando su crecimiento, indefinidamente, en otro vehículo o cuerpo. De esta manera se produce la reencarnación, y lo que nos hace ser espíritus que venimos reencarnando desde siempre, usando cada vez un cuerpo físico como un vehículo que nos permita experimentar, aprender y progresar. Hemos vivido antes en otros cuerpos, y después del paso que llamamos muerte seguiremos viviendo indefinidamente en distintos vehículos. |
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